viernes, 13 de marzo de 2026

Unidad Nº 9, cuando los cambios son posibles

El sistema penitenciario uruguayo atraviesa un grave problema de hacinamiento estructural que lo condiciona en un escenario donde los recursos son escasos. Sin embargo, desde la gestión de las nuevas autoridades se han notado importantes cambios en algunos centros penitenciarios que nos han permitido apreciar mejoras que alimenta la esperanza de un cambio. Una de esas situaciones la pudimos apreciar de forma clara y alentadora en la Unidad Nº 9 de madres con hijos, donde importantes avances estructurales y de un nuevo modelo de gestión hablan de una hoja de ruta que empieza a mostrar una forma diferente de administrar los contextos de encierro.

12 de marzo de 2026
Unidad Nº 9
INR

La llegada al centro lindero con la Unidad Nº 5 Femenina, nos impactó satisfactoriamente ni bien entramos. Un hermoso espacio de juegos construido para que los hijos de las internas tengan un rincón donde disfrutar su estancia junto a sus progenitoras, cambia la fisonomía de lo que no deja de ser un centro de privación de libertad. 

Si aquel espacio lúdico -con juegos e infraestructura artesanalmente construidas- nos marcó positivamente, el ingreso a las instalaciones del establecimiento nos devolvió una imagen diferente a la que recordábamos de visitas anteriores. En efecto, la limpieza y recuperación de sus instalaciones interiores nos permitió apreciar el trabajo que la dirección del centro junto a funcionarias y las propias internas han venido realizando para concretar un lugar ordenado, limpio y con sus instalaciones dispuestas para que madres e hijos interactúen en un escenario que se asemeje a un hogar.

Es que ese es el contexto que hay que producir para que la internación de los menores no signifique una privación de libertad adicional de inocentes que no tienen culpa de estar en ese lugar, y, en cambio, ese rincón se convierta en un espacio que consolide otras aristas diferentes a la cárcel, haciendo del mismo un lugar donde continúen su crianza de una manera que disimule las limitaciones de un centro de privación de libertad.

Una mamá nos contó que su niño quería ir de paseo, "pero hasta que Mamá no termine de trabajar, no podrían hacerlo. Porque no puedo decirle que estoy presa, sino que le digo que estoy trabajando..."

Esa condición de privación de libertad se minimiza gracias al esfuerzo y compromiso de funcionarias que acompañan a las madres en su proceso de rehabilitación y de estas mismas que colaboran entre ellas en la crianza y cuidado de los menores. Existe una complementariedad que cubre las necesidades expuestas cuando las internas acuden a trabajar en los emprendimientos que tiene el establecimiento, y son cubiertas por otras internas que hacen las veces de cuidadoras.

Todo ello contribuye al mejor clima interno y eso también hace parte de un proceso de resiliencia que está presente en todas y cada una de las internas.

En anteriores visitas pudimos ver las debilidades de un establecimiento que reúne a 46 internas para unas instalaciones previstas para 50. Un centro que no experimenta los problemas de hacinamiento estructural del sistema nacional pero que tiene una arista que la distingue como es la permanencia de hijos menores que acompañan a sus madres privadas de libertad. Una realidad que interpela a un sistema que combina las realidades de la cárcel con la crianza de menores y que establece un diferencial que se aprecia notoriamente. 

Entre el 80 y 85% de la población que forma parte de este centro cumplen condena por microtráfico, una consecuencia directa de la modificación impuesta por la LUC (Ley de Urgente Consideración). Esa modificación legislativa no solo las llevó a cumplir penas de prisión sino que desarticuló el núcleo familiar afectando a otros integrantes que quedaron desamparados o a resguardo del INAU. Situaciones que bien podrían ser resueltas de otra forma con medidas alternativas a la prisión que no solo descomprimirían al sistema penitenciario sino que no abonarían a la desintegración familiar que opera con la condena de privación de libertad de la madre. Un sistema de seguimiento permitiría, incluso, abatir el costo que implica para un sistema que tiene recursos escasos.


Nos vinimos muy satisfechas de la visita porque apreciamos gestión y compromiso de todas las partes, pero principalmente de una dirección que sabe cómo cumplir los objetivos con una mirada humanista que incluya a las internas como protagonistas de su futuro. 

Un futuro que merecen cambiar por ellas y, sobre todo, por sus hijos...

Graciela
12 de marzo de 2026

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