Aquella mañana cálida y húmeda con un
cielo amenazante y gris, volví a caminar por las callecitas de la unidad 6
de Punta de Rieles y un sinfín de vivencias empezaron a pedir permiso para salir
de mi memoria. Era el comienzo de un tiempo donde me hacía preguntas para las que no encontraba respuestas. ¿Por qué hacernos daño los unos a los
otros? ¿Por qué juntos no lograr un camino donde pudiéramos obtener una
mejor convivencia? ¿Por qué dos familias sufriendo? ¿Por qué? ¿Por
qué? Así, por esas callecitas que volvía a pisar nuevamente, me detuve un
instante frente a aquella barraca 10 de privados de libertad donde un día
emprendí el camino de transformar, de restaurar vínculos y cerrar
heridas. Agradecida al ministro Bonomi y a los directores de la época -
Arbesún y Parodi - que creyeron en mí y me dieron lugar y espacio para
trabajar achicando las distancias que un día nos separaron por un hecho de trágica
violencia.






