viernes, 20 de febrero de 2026

Punta Rieles: recuperando la memoria

Aquella mañana cálida y húmeda con un cielo amenazante y gris, volví a caminar por las callecitas de la unidad 6 de Punta de Rieles y un sinfín de vivencias empezaron a pedir permiso para salir de mi memoria. Era el comienzo de un tiempo donde me hacía preguntas para las que no encontraba respuestas. ¿Por qué hacernos daño los unos a los otros? ¿Por qué juntos no lograr un camino donde pudiéramos obtener una mejor convivencia? ¿Por qué dos familias sufriendo? ¿Por qué? ¿Por qué? Así, por esas callecitas que volvía a pisar nuevamente, me detuve un instante frente a aquella barraca 10 de privados de libertad donde un día emprendí el camino de transformar, de restaurar vínculos y cerrar heridas. Agradecida al ministro Bonomi y a los directores de la época - Arbesún y Parodi - que creyeron en mí y me dieron lugar y espacio para trabajar achicando las distancias que un día nos separaron por un hecho de trágica violencia.

Tras ser considerada un modelo de rehabilitación a seguir y objeto de estudio académico para la región, la vieja cárcel de Punta de Rieles nos mostró que está volviendo a ser lo que era, 
recuperándose de todo lo que fue destruido en la anterior administración. Los emprendimientos empiezan a recuperar el camino perdido. Con la pujante gestión de su equipo director, encabezado por Lourdes Salinas junto a Martín Santana, la vieja unidad corrige el rumbo y transita un camino de recuperación de la imagen de cárcel modelo que la convirtió en objeto de estudio y ejemplo del proceso rehabilitador para la región y el mundo.

Volver a transitar aquellas callecitas y reconocer los cambios operados en una infraestructura que ha mejorado en muchos aspectos gracias al trabajo de un equipo de dirección realmente comprometido con su gestión, me dejó complacida y esperanzada en que se puede cambiar la realidad del sistema penitenciario.

Hoy la vieja cárcel recoge un total de 15 emprendimientos entre los que se destacan bloqueras, fabricación de placas de yeso, carpintería, taller de tapizados, panadería, herrería, talleres de computación, un centro educativo con varios salones acondicionados en la que fuera la vieja panadería (totalmente renovada con trabajo de los propios internos), un taller inclusivo de lecto escritura que está traduciendo libros infantiles al braille con una técnica artesanal novedosa y muy cuidada, son tan solo algunos de los emprendimientos que hoy están activos y hacen parte del día a día de un centro de privación de libertad que empieza a dar señales de cambiar la pisada.

Todavía quedan puntos a mejorar en cuanto al perfil de los internos derivados a este centro, un criterio que cambió en la pasada administración, generando consecuencias negativas para un centro que debería cumplir la última fase del proceso rehabilitador preparando para el egreso a sus internos. Esa premisa se desconfiguró en los últimos años, pero la nueva dirección apuesta a retomar el rumbo original para devolverle a la unidad ese rol principal de ser una especie de pre-egreso indispensable para una población que debe prepararse para el día después.

Una ley necesaria

La primera parte de la visita fue de intercambio con el equipo director, y allí se nos puso en antecedentes sobre la gestión y sobre el potencial de un centro penitenciario que espera incorporar muchos más emprendimientos en su predio. Convencidos que el trabajo es un instrumento principal de la privación de libertad en tanto contribuye a la reinserción social que mandata la Constitución para la población privada de libertad.

Junto al equipo de dirección: Lourdes Salinas y Martín Santana

En ese sentido, nos comprometimos a promover un proyecto de ley que permita incorporar nuevos emprendimientos bajo un régimen especial que combine el trabajo penitenciario con iniciativas privadas que ofrezcan oportunidades laborales y permitan acercar a los internos a la realidad laboral que enfrentarán una vez recuperada la libertad.

Es imperioso que pongamos foco en una iniciativa a ese respecto que permita reglas claras para todos, donde el Estado ponga su parte adquiriendo toda o parte de la producción que generen los establecimientos penitenciarios en sus diferentes rubros. Contar con el trabajo privado de libertad como un proveedor más del Estado podría bajar costos y significar una inversión a futuro, reduciendo la reincidencia y el costo asociado que implica un sistema colapsado como el que hoy tenemos.

Recorrida y algo más


Entre los emprendimientos que pudimos visitar esta mañana, hubo algunos verdaderamente novedosos que nos llamó la atención. Es el caso de las molduras de hormigón celular u hormigón liviano, un emprendimiento ideado por un interno que fabrica molduras mezclando hormigón con telgopor (espuma plast), generando un material resistente y liviano, que también tiene propiedades de aislación acústica, según nos comentó su promotor.

Otro de los emprendimientos son las molduras en yeso, que permiten la absorción de humedad en paredes, con finas terminaciones que combinan estética y efectividad para el tratamiento de humedades.

El oficio de carpintero tiene su emprendimiento también con un taller que –a partir de pallets de madera- genera productos tales como botineras, sillas, y hasta el montaje de una casa rodante o motor home que supieron construir hace unos meses.

Un almacén, cubre las necesidades básicas de los internos y colabora en la disminución de los paquetes, lo que tiene un efecto positivo ya que disminuye los tiempos de revisoría y los riesgos asociados de ingreso de sustancias no permitidas.

Un emprendimiento gastronómico también integra el acervo laboral, un emprendimiento que busca expandirse en breve con la incorporación de mesas para que las visitas o los propios internos consuman los productos al aire libre y en un ambiente similar al que se disfruta afuera de la prisión.

Herrería y tapicería son, también, emprendimientos que hacen parte de un acervo donde, entre bloqueras, huertas, peluquería, talleres de computación, y hasta un centro educativo, se consolida la imagen de una cárcel en movimiento constante.

Falta mucho por hacer, hay espacio disponible y sobra voluntad en una dirección que aspira a llenarlos con más y mejores emprendimientos que permitan inundar de trabajo y estudio a un centro de rehabilitación que supo mostrarse como un pueblo penitenciario antes y aspira a recuperar esa imagen de cárcel modelo. Donde el encierro era accesorio y la actividad del día se repartía entre trabajo, educación y recreación.

Se respira otro aire y se aprecia otro ritmo, uno que se empieza a retomar con fuerza al influjo de un equipo de trabajo comprometido y responsable.

Un ritmo al que vamos a acompañar para hacer que las cosas sucedan, haciendo que la revolución de las cosas simples no sea tan solo un eslogan sino una preciosa realidad.

 

Graciela
Febrero de 2026

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Taller de lecto escritura 







Algunos de los productos fabricados por los internos


Carpintería

Centro Educativo

Taller de molduras de yeso


Bloqueras


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