Volver a transitar aquellas callecitas y reconocer los cambios operados en una infraestructura que ha mejorado en muchos aspectos gracias al trabajo de un equipo de dirección realmente comprometido con su gestión, me dejó complacida y esperanzada en que se puede cambiar la realidad del sistema penitenciario.
Hoy la vieja cárcel recoge
un total de 15 emprendimientos entre los que se destacan bloqueras, fabricación
de placas de yeso, carpintería, taller de tapizados, panadería, herrería,
talleres de computación, un centro educativo con varios salones acondicionados
en la que fuera la vieja panadería (totalmente renovada con trabajo de los
propios internos), un taller inclusivo de lecto escritura que está traduciendo
libros infantiles al braille con una técnica artesanal novedosa y muy cuidada,
son tan solo algunos de los emprendimientos que hoy están activos y hacen parte
del día a día de un centro de privación de libertad que empieza a dar señales
de cambiar la pisada.
Todavía quedan puntos a
mejorar en cuanto al perfil de los internos derivados a este centro, un
criterio que cambió en la pasada administración, generando consecuencias
negativas para un centro que debería cumplir la última fase del proceso
rehabilitador preparando para el egreso a sus internos. Esa premisa se
desconfiguró en los últimos años, pero la nueva dirección apuesta a retomar el
rumbo original para devolverle a la unidad ese rol principal de ser una especie
de pre-egreso indispensable para una población que debe prepararse para el día
después.
Una ley necesaria
La primera parte de la
visita fue de intercambio con el equipo director, y allí se nos puso en
antecedentes sobre la gestión y sobre el potencial de un centro penitenciario
que espera incorporar muchos más emprendimientos en su predio. Convencidos que
el trabajo es un instrumento principal de la privación de libertad en tanto
contribuye a la reinserción social que mandata la Constitución para la
población privada de libertad.
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| Junto al equipo de dirección: Lourdes Salinas y Martín Santana |
Es imperioso que pongamos
foco en una iniciativa a ese respecto que permita reglas claras para todos,
donde el Estado ponga su parte adquiriendo toda o parte de la producción que
generen los establecimientos penitenciarios en sus diferentes rubros. Contar
con el trabajo privado de libertad como un proveedor más del Estado podría
bajar costos y significar una inversión a futuro, reduciendo la reincidencia y
el costo asociado que implica un sistema colapsado como el que hoy tenemos.
Recorrida y algo más
Entre los emprendimientos que pudimos visitar esta mañana, hubo algunos verdaderamente novedosos que nos llamó la atención. Es el caso de las molduras de hormigón celular u hormigón liviano, un emprendimiento ideado por un interno que fabrica molduras mezclando hormigón con telgopor (espuma plast), generando un material resistente y liviano, que también tiene propiedades de aislación acústica, según nos comentó su promotor.
Otro de los emprendimientos
son las molduras en yeso, que permiten la absorción de humedad en paredes, con
finas terminaciones que combinan estética y efectividad para el tratamiento de
humedades.
El oficio de carpintero
tiene su emprendimiento también con un taller que –a partir de pallets de
madera- genera productos tales como botineras, sillas, y hasta el montaje de
una casa rodante o motor home que supieron construir hace unos meses.
Un almacén, cubre las necesidades básicas de los internos y colabora en la disminución de los paquetes, lo que tiene un efecto positivo ya que disminuye los tiempos de revisoría y los riesgos asociados de ingreso de sustancias no permitidas.
Un emprendimiento
gastronómico también integra el acervo laboral, un emprendimiento que busca
expandirse en breve con la incorporación de mesas para que las visitas o los
propios internos consuman los productos al aire libre y en un ambiente similar
al que se disfruta afuera de la prisión.
Herrería y tapicería son,
también, emprendimientos que hacen parte de un acervo donde, entre bloqueras,
huertas, peluquería, talleres de computación, y hasta un centro educativo, se
consolida la imagen de una cárcel en movimiento constante.
Falta mucho por hacer, hay
espacio disponible y sobra voluntad en una dirección que aspira a llenarlos con
más y mejores emprendimientos que permitan inundar de trabajo y estudio a un
centro de rehabilitación que supo mostrarse como un pueblo penitenciario antes
y aspira a recuperar esa imagen de cárcel modelo. Donde el encierro era
accesorio y la actividad del día se repartía entre trabajo, educación y
recreación.
Se respira otro aire y se
aprecia otro ritmo, uno que se empieza a retomar con fuerza al influjo de un
equipo de trabajo comprometido y responsable.
Un ritmo al que vamos a acompañar
para hacer que las cosas sucedan, haciendo que la revolución de las cosas
simples no sea tan solo un eslogan sino una preciosa realidad.
Graciela
Febrero de 2026
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Taller de lecto escritura
Carpintería
Centro Educativo
Taller de molduras de yeso






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