martes, 16 de junio de 2026

Daños colaterales

Fuente imagen: Montevideo Portal
La privación de libertad ha tomado ribetes críticos en el Uruguay, una situación que no ha logrado revertir su nivel de crecimiento exponencial que pone al país en niveles extremadamente altos de prisionización. Si limitar la libertad ambulatoria fuera la solución a esta altura no debería ser la inseguridad el principal problema que preocupa a la población. Lejos de ello, las consecuencias de una condena impactan no solo en el condenado sino en todo un entorno que sufre las consecuencias de su prisión y pasan a conformar una sucesión de daños colaterales…

Caer preso no es el final para un sistema que no termina de dar solución al problema de la inseguridad, por el contrario, la condena es el inicio de un periplo tortuoso que se ha ido deprimiendo en proporción con el aumento de una población que terminó colapsando al sistema y generado niveles altísimos de hacinamiento.

En ese escenario, el Estado responde en la medida de sus limitadas posibilidades presupuestales, obviamente. Claro que no todo es una cuestión de recursos tampoco, ya que mucho se puede hacer para contrarrestar esos daños colaterales asociados a la superpoblación penitenciaria con los recursos actuales.

No se trata - tampoco - de pasarnos construyendo cárceles y seguir acumulando presos, el camino tiene que ser otro alternativo que nos permita empezar a desarmar esta geografía decepcionante de meter gente presa y ensayar otros caminos alternativos a la prisión.

Y lo tenemos que intentar porque no solo se trata de cumplir el mandato constitucional de rehabilitar al privado de su libertad, sino de impedir que esa privación impacte en aquellos que dependen suyo o sufren las consecuencias de su internación en una cárcel. Son los hijos/as, esposas/os, padres/madres y/o amigos que ven interrumpida su relación, padecen el corte abrupto del vínculo o padecen los avatares económicos que acarrea su encarcelamiento.

De ahí que nuestra preocupación radique no solo en el proceso que afecta directamente al condenado sino también al del círculo familiar y/o afectivo que tenga, y en caso que no tenga a nadie también es importante conocer esa información para poder contemplar su incidencia en el trayecto de su privación de libertad.

Si al ingreso al sistema se nutre de la información necesaria a ese respecto se podrá contemplar no solo al privado de su libertad sino también a ese conjunto de personas que sufrirán consecuencias inevitables a partir de la situación penal de su familiar. Hijos que quedan desamparados y terminan al cuidado de otros familiares o del Estado; adultos mayores dependientes; y hasta las propias víctimas que terminan afectadas por la conducta criminal del autor. Todos formando parte de un colectivo que se conectó involuntariamente por los hechos que llevaron a esa persona a la prisión.

Encierro y falta de oportunidades

La respuesta del sistema hoy pasa por un encierro que atenta contra la mejor estrategia que se pretenda implementar. La "tranca" como regla no colabora con un proyecto de rehabilitación como el que exige nuestra Carta Magna, de ahí que no podamos resignarnos a seguir llenando las cárceles sin explorar otras alternativas. Porque esta no ha dado solución al problema.

El daño colateral que sufren los hijos/as de la población privada de su libertad impone actuar rápidamente para evitar que se siga agravando y terminen siendo “solucionados” por el narco que ya invadió los barrios. La respuesta tiene que ser oficial, el Estado no puede permitir que se lo sustituya por quienes son responsables, en gran medida, de los violentos incidentes que sufre la población.

Esa que también sufre de otro daño colateral tan preocupante como los reseñados porque generan un clima peligroso de inseguridad, una percepción negativa que afecta e impacta en la conducta de la población que empieza a tener al miedo como compañero de viaje.

Ese es otro de los daños colaterales a vencer y para ello es menester actuar con decisión y coraje a la hora de tomar decisiones. Al hacinamiento tenemos que vencerlo con ingenio y audacia, generando oportunidades que permitan eliminar la idea de la prisión como sinónimo de encierro exclusivamente. Las celdas tienen que reconvertirse en dormitorios para una población que hay que dotar de oportunidades educativas y laborales que se contrapongan al  ocio y al encierro.

Claro que para ello es necesario contar con el compromiso de todos, funcionarios policiales, operadores penitenciarios y los propios internos que deben contribuir a generar un clima que permita empezar a cambiar esa realidad. 

También el trabajo con las familias es importante porque un día van a salir y deben hacerlo mejor de como entraron para llegar a un entorno que los contenga e impida que vuelvan. De lo contrario cualquier avance terminará siendo un retroceso y el círculo negativo no dejará de seguir girando en torno al mismo problema que lo llevo a la prisión.

Me preocupan muchísimo estos daños colaterales y trabajo todos los días tratando de convencer y sumar voluntades para cambiar esta realidad. Con pequeños pasos a los que voy sumando acompañantes silenciosos que empiezan a entender que hay que dar oportunidades que contribuyan a cortar la cadena del delito.

Es posible una alternativa, generando oportunidades a una población que tiene asegurada su libertad en un sistema que no tiene contemplada la pena de muerte ni la cadena perpetua. Que ese tránsito por la privación de libertad sea exitoso depende también de cada uno de los actores involucrados en la cadena. También de nosotros que pretendemos vivir en armónica convivencia y en un país más seguro.

Por eso no podemos olvidarnos de atender esos daños colaterales porque al atenderlos oportunamente podremos contribuir a cortar los circuitos criminales y que los entornos familiares de los privados de libertad sean un muro de contención que impida que regresen a la cárcel.

Trabajar coordinadamente entre los organismos correspondientes (INAU, MIDES, etc), también tiene que ser no solo una medida de economía presupuestal sino un instrumento útil para que ese nicho a contemplar tenga la debida atención.

Una respuesta a tiempo nos evitará que existan daños colaterales a la prisión, si logramos eso empezaremos a ganar esta batalla.


Graciela


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