La Justicia Terapéutica es un instrumento que ha demostrado una enorme efectividad con tasas de casi nula reincidencia en países como Argentina, sirviendo de base para su consagración - largamente postergada - como un plan piloto en nuestro ordenamiento jurídico.
En esta ocasión, tuve el honor de ser la informante del proyecto que crea el "Programa piloto de Justicia Terapéutica", que obtuviera media sanción de forma unánime en la Cámara de Representantes y que fuera promovido por el diputado colorado Rodrigo Martínez. Una iniciativa que no me es ajena ni mucho menos pues supe promover, junto a Lucía Etcheverry, una iniciativa mucho más elaborada, que no tuvo los votos para su sanción en aquella oportunidad.
¿Cómo no íbamos a apoyar una iniciativa inspirada en un instrumento que creemos válido y al que tuvimos ocasión de conocer su aplicación en la región, muy cerquita nuestro en Argentina, donde recoge una aceptación indiscutida y ha dado sobradas pruebas de ser un mecanismo eficaz para la recuperación de las personas que cursan estos procesos que sustituyen a la prisión?
Una alternativa sanadora en cuanto concentra su principal labor en el tratamiento de adicciones que condicionaron la conducta de sus protagonistas y permite su rehabilitación plena a los circuitos sociales que dañaron antes.
El proyecto se fundamenta en datos socio-penales de nuestra realidad nacional, aportes técnicos de la Junta Nacional de Drogas, y un exhaustivo análisis de la evidencia internacional y regional.
¿Qué es?
La Justicia Terapéutica refiere a un enfoque integrador del Derecho Penal, buscando abordar la raíz de los problemas que llevan a cometer delitos, en especial los relacionados al consumo problemático de sustancias, desde una mirada más humana.
Esta herramienta concentra su objetivo en reconocer que muchas personas que cometen delitos no lo hacen desde la libertad plena sino desde contextos de profunda vulnerabilidad, trastornos mentales, traumas no tratados, adicciones o carencias afectivas y/o materiales, que distorsionan su capacidad de decisión. Aplicar una pena bajo estas condicionantes no solo ha resultado absolutamente ineficaz, sino que puede agravar los problemas de base generando ciclos de reincidencia delictiva permanente, que terminan normalizando la prisión.
La Justicia Terapéutica es un modelo sociológico y jurídico que busca transitar del castigo carcelario tradicional hacia la rehabilitación clínica.
Su aplicación está dirigida - en principio - a infractores no violentos cuyos ilícitos están directamente motivados por trastornos derivados del consumo de sustancias. En lugar de recurrir al castigo de la privación de libertad en una prisión, el sistema judicial, en combinación con equipos de fiscales, defensores y profesionales de la salud, suspende el proceso penal a cambio de que el infractor se someta a un riguroso tratamiento médico bajo supervisión directa de un Juez especializado. Si la persona incumple el tratamiento, el proceso penal se retoma de inmediato.
Este instrumento no implica impunidad sino modificar el enfoque meramente punitivista para transformarlo en restaurativo y terapéutico, pensando en la rehabilitación plena del infractor.
La vastísima jurisprudencia internacional da cuenta del valor que tiene una herramienta que descomprime al sistema penitenciario y optimiza los recursos, generando ahorros significativos de los dineros públicos, con una sensible baja en los índices de reincidencia entre quienes se aplica el instrumento.
No aplica
Este plan piloto y la consiguiente suspensión condicional del proceso, no aplica en los siguientes casos:
- cuando la pena mínima prevista en el tipo penal supere los 3 años de penitenciaría;
- cuando el imputado se encuentre cumpliendo una condena;
- cuando el imputado tuviera otro proceso de suspensión condicional en trámite.
Es un sistema alternativo de resolución de conflictos que permite fortalecer el vínculo entre justicia, salud y comunidad.
La cárcel, la familia y las víctimas
La gran mayoría de infractores que cumplen penas son jóvenes, muchos de ellos presos también por una adicción que los condujo a cometer delitos para alimentar su adicción. Con ellos arrastran a sus familias, que sufren conjuntamente las calamidades de una prisión hacinada como las que constituyen hoy el sistema penitenciario nacional. Es imposible dimensionar el sufrimiento de esas familias, un sufrimiento que este instrumento puede impedir con resultados altamente satisfactorios para todos.
Hoy entran y salen peor que antes.
Si logramos consolidar este sistema de justicia terapéutica también tendremos menos víctimas, y si ustedes supieran lo que es que haya una víctima menos se darían cuenta lo importante que es la justicia terapéutica.
Graciela

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