martes, 15 de septiembre de 2026

“Cuando usted dibuja un 9 el otro ve un 6…”

Una entrevista me dio pie para escribir al respecto con una imagen que aportó el periodista y que me pareció muy acertada para graficar lo que significa gran parte de nuestro trabajo. Una misión que me puso la vida de una forma trágica pero que me ha permitido ir sanando la tremenda herida que significa la pérdida de un hijo siendo – además – víctima de una rapiña. Ese número que refiere el periodista en su frase lo vi de una manera entonces pero luego pude darlo vuelta para que el sufrimiento fuera desapareciendo y transformarlo en amor incondicional por la persona humana. Yo fui una de las que vi como 6 a los que ahora dibujo 9...


                                                                                            con Freddy Fernández de Rivera
                                                                                                                              14/09/2026                        

No voy a repasar mi historia ya conocida, pero sí me gustaría profundizar en esa imagen tan simple y a la vez tan directa de cómo vemos a las personas cuando sufrimos un daño tan grande. A nadie puede escapar que el primer sentimiento es de profundo dolor y mucha rabia, al punto que saca lo peor de nosotros mismos en reacciones que jamás imaginamos pudiéramos tener. Pero es que cuando el daño es tan grande la primera y hasta lógica reacción es de mucho odio, lo que nos lleva a impulsos irrefrenables de ira como si ese sentimiento nos devolviera lo perdido.

El tiempo es un sabio factor que nos permite ver en perspectiva hasta el dolor más inmenso que uno pueda experimentar como es la pérdida de un hijo. Una pérdida que se dimensiona por el factor humano determinante del delito, ese que generó el impulso letal que arrancó una vida inocente por unas monedas.

El tiempo es el que nos va poniendo paños tibios para ir aliviando el sufrimiento; claro que va en cada uno impedir que ese tiempo nos contamine alimentando un odio que solo agranda la herida. En cambio, podemos aprovecharlo en iniciar un camino de sanación que permita ir aliviando la pena y contagiar a otros para que nadie sufra algo parecido.

No hablo de impunidad ni mucho menos, creo fervientemente en la justicia, pero también creo en el arrepentimiento y en la rehabilitación. Pensar solo en el castigo como sanción es un tremendo error que impide ver el panorama completo.

Yo supe ver un “6” cuando me enteré que habían matado a mi hijo, así lo estampé en un pizarrón donde antes escribía ofertas del negocio familiar. Allí escribí que ese día no habrían ofertas porque unas “bestias” se habían llevado la vida de Alejandro, mi hijo. Ese día no podía ver de otra manera.

Solo el tiempo pudo detenerme en ese proceso de inacabable dolor y en la figura de un colibrí posado en la cuerda de la ropa me di cuenta que podía ver ese “9” que empezó a transformar ese dolor en una causa por la cual trabajar.

En las cárceles no solo hay victimarios, también hay víctimas porque en eso se convierten sus hijos, sus padres, sus familias. Esos que también transcurren la prisión como parte de la condena y a quienes les cambia la vida de forma determinante. Si no somos capaces de entender eso, nunca podremos acompañar un proceso de reinserción de aquellos que algún día saldrán en libertad.

Hasta por un pensamiento egoísta tendríamos que empezar a ver muchos “9” a los que entran siendo “6”, porque es imperioso que salgan mejor de como ingresan.

Es cierto que habrán muchos que no entenderán esto tanto de un lado como del otro, pero estoy segura que también habemos muchos que lo creemos y por eso trabajamos convencidos de que es una alternativa válida. 

Casi 17 mil personas privadas de su libertad llevaron al sistema penitenciario a un nivel de hacinamiento crítico que hay que bajar de forma urgente. Más oportunidades laborales, educativas y recreativas en los contextos de encierro son instrumentos indispensables para mostrar caminos de salida a una población que hizo del crimen y el delito su modo de vida.

Ojalá hayamos muchos más dibujantes de “9” porque eso será un indicador del cambio que queremos para vivir en sociedad.

Graciela

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